miércoles, 10 de septiembre de 2014

La bicicleta


A Tomás siempre le había apasionado la bicicleta, era una afición heredada de su padre, quien participaba en algunas pruebas locales, e incluso llegó a inscribirse en un club de ciclismo profesional, siendo gregario de las figuras de aquel entonces, como un tal OCAÑA, que al parecer llegó a ganar el Tour de Francia, pero Tomás esos tiempos no los había conocido.

Para él era una modesta afición que practicaba con entusiasmo los domingos, y le permitía liberarse de la rutina del trabajo diario y de los agobios de la gran ciudad. Pedaleaba durante 60 ú 80 Kms., cada día en diferentes direcciones, para que el paisaje fuera cambiante y así poder disfrutar de la naturaleza.

Un domingo de marzo, cuando la primavera empezaba a estallar,  paro su pedaleo para asistir a otro ciclista que al parecer había pinchado y estaba varado en el arcén esperando ayuda. La solidaridad y mutua ayuda entre los deportistas era algo que Tomás llevaba siempre a rajatabla, pues ya en alguna ocasión también a él le habían echado una mano por cámaras pinchadas o cadenas rotas.

Cuando se acercó al compañero, observó que bajo el casco obligatorio, se escondía una preciosa cabellera rubia, y detrás del maillot ajustado, unos magníficos pechos de mujer reclamaban su libertad, se trataba de EVA, quien se presentó a si misma como una mujer deportista, moderna, educada y agradecida.

Entre ambos surgió rápidamente una amistad que el tiempo se ocupó de convertir, sin casi advertirlo ellos, en un amor forjado a ritmo de pedales y consumado sobre las frescas hierbas de valles serranos que disfrutaban juntos. Su relación fue creciendo y pronto se fueron a vivir juntos y planearon un futuro en común.

Dos años después a EVA le diagnosticaron un tumor maligno y seis meses más tarde fallecía, entre el dolor de TOMAS y de su familia, que vieron impotentes cómo no se podía hacer nada por evitarlo.
TOMAS retomó la práctica del deporte ciclista que había dejado abandonada para dedicarse a EVA durante esos duros meses. Ahora lo hacía para liberar su mente de recuerdos que un día fueron felices y ahora le resultaban muy amargos.


Sin querer un domingo se dirigió hacia el acantilado costero, del que tantas veces había disfrutado, y al llegar a su borde lanzó la bici al vacío como muestra de inconformismo con lo que el destino le había reservado, lo que no hizo, porque pensó que así el acto quedaba más garantizado, fue apearse previamente de la bicicleta.


6 comentarios:

  1. Ufff, qué duro. Con lo bien que empezó...

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  2. Lo que dijimos en clase, sentimos al final como nos caemos con Tomás y su bicicleta.

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  3. Me gusta como te quedó esta narración de Tomás y su bicicleta

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