jueves, 23 de abril de 2015

El poder del Libro



Las minas del rey Salomón, de H. Rider Haggard; así se llamaba. Ese fue el primer libro enteramente de mi propiedad, nunca lo olvidaré. Tendría yo unos nueve o diez años cuando me lo regaló mi padre. ¡Mi primer libro! Hasta aquel momento todo habían sido tebeos y algún que otro comic, todos ellos compartidos con mis hermanos y hermanas, pero un libro... todo lleno de letras, sin una sola ilustración... todo un tesoro para mí. Tres veces seguidas acabé leyéndolo. Y aún lo conservo; algo desgastado y descolorido por el paso del tiempo, pero con todo su contenido y valor emocional intactos. Es la magia que poseen los libros.
Es una simple historia de aventuras, más o menos entretenida, pero eso es lo de menos, podía haber sido otro cualquiera y lo hubiera devorado igual. Por entonces me pareció la más grandiosa historia jamás contada. La primera vez en mi vida que leía tantas letras seguidas en tan corto espacio de tiempo... ¡Tres veces seguidas! No me lo podía creer, ese pequeño objeto de cubiertas amarillas había conseguido lo que ningún otro juguete había hecho jamás. Estaba emocionado con mi tesoro literario... y quería más.
Han pasado muchos años de aquello, y nunca le estaré lo suficientemente agradecido a mi padre. Aquel regalo, más todos los tebeos y comics de mi infancia, seguramente serán los más valiosos presentes que haya recibido en mi vida. La estimulación a la lectura es de las cosas más importantes que unos padres podrán hacer por sus hijos nunca; algo de lo que jamás podrán arrepentirse.
Después de Las minas del rey Salomón han pasado por mi vida muchas otras historias y aventuras de todo tipo. Leyendo he llorado, he reído, me he asustado, me he entretenido, he viajado... pero sobre todo, he aprendido. He aprendido que la vida es mucho más que las cuatro paredes que me rodean, que existen otras ideas, otras gentes, otros horizontes, otras costumbres, todas igual de válidas e importantes. Con un libro entre las manos he crecido como persona, como ser humano individual dentro de un conjunto social e indivisible; he aprendido a respetar, a valorar, a no juzgar, a comprender... he aprendido a Vivir.
El libro es una de las herramientas más eficaces que posee la humanidad del presente para aprender a discernir por sí misma. Ante la sumisión absoluta a un sistema  manipulador por parte de la gran mayoría de medios de comunicación de masas, donde sólo prima el poder del dinero por encima de la Verdad, el libro se ha convertido en una vía de escape insustituible: manejable, intercambiable, sin límite de contenido, asequible y con multitud de formatos y estilos aptos para cualquier persona que se interese por algún tema determinado.

Regalen libros, cómprenlos, préstenlos, descárguenlos de la Red; lean por favor, inciten a la lectura a las personas cercanas. Un libro no es sólo un compendio de conocimientos o de historias entretenidas, un libro es mucho más, es cultura, es educación, es crecimiento, es socialización, humanización, es una de las más eficientes maneras de salir de la mediocridad a que nos condena el sistema capitalista dominante. Un libro es LIBERTAD.


4 comentarios:

  1. Entrañable el texto, Pedro. De acuerdo contigo en tido lo que nos aporta y nos ofrecen los libros. Ese en concreto, el de la fotografía, ya viaja conmigo dentro de mi corazón. Partirá desde la costa gaditana para cruzar "el charco" (el Atlántico). Surcará las procelosas aguas de nuestra imaginación terminando en algún remoto país allende los mares. Un abrazo

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  2. La maravilla del libro, en tus siempre bien y condimentadas palabras. Gracias.

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  3. Qué importante son los libros y cuantas veces nos dan alas para volar cuando te sientes perdida!.

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  4. Gracias amigo, amiga, amig@s. Es un honor que el idioma esté ahí, entre unas letras tan llenas de ilusionan, entre unas palabras que podrían enmarcarse, para los amantes del libro, del cómic, de la ficción en general casi me atrevería decir. De todos los viajeros sin billete que un buen día saltamos a este vagón de páginas, fantasías e historias. Gracias, gracias, gracias...

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